MICRO-CINCO
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El crío miraba por la ventana. De repente le dijo a la madre: 

— Mamá, yo quiero un murciélago de mascota. 

— Hijo mío, los murciélagos no son mascotas. 

El niño siguió contemplando al vampiro que acababa de chuparle la sangre a una vaca gorda y pensó que tal vez la madre no tenía razón, que tal vez un animalito así se podría alimentar con ketchup.


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