El pueblo de Vientodeloeste era muy rico en campos de cereales.
Por eso, todos los pájaros de los alrededores acudían allí para comer los granos, en cuanto brotaban.
Eran tantos que diezmaban los cultivos de tal manera que los agricultores decidieron utilizar el tradicional sistema del espantapájaros.
Durante muchos años, los espantapájaros hicieron muy bien su trabajo.
Ahuyentaban a los pájaros que los veían como humanos atentos dispuestos a impedirles comerse los cereales.
Pero finalmente los cuervos se dieron cuenta de que los espantapájaros no eran humanos.
Ni siquiera se movían para ir a orinar.
Y los cuervos están bien despiertos, porque observan todo y sacaban sus conclusiones.
Aquellas figuras ni siquiera se rascaban la cara cuando una mosca se les posaba en la nariz.
No, definitivamente, esos no eran humanos.
Eran muñecos.
Difundieron la noticia entre los demás pájaros.
La reacción de todos los pájaros fue unánime: se dedicaron a comer todo el grano que quisieron, tanto que apenas podían levantar el vuelo después de comer.
¡Qué panzadas se daban!
Cuando los campesinos de Vientodeloeste se dieron cuenta de la desgracia, se llevaron las manos a la cabeza y quisieron pagar las consecuencias con los menos culpables: los espantapájaros.
Sin embargo, hay que decir que en esos campos había granos de sobra para todos, para los humanos, para los pájaros y hasta para algún extraterrestre que por las noches se acercaba al maíz para hacerse palomitas con el rayo láser, porque a los extraterrestres les encantan.
Un grupo de campesinos se reunió en asamblea y decidió, pues, ir a quemar los espantapájaros en la era grande.
Pero los cuervos, que los observaban ocultos, sabían de las intenciones de los humanos, porque entendían su lenguaje.
Los cuervos se reunieron muy rápidamente y luego tomaron una decisión.
Así, cuando los humanos, con antorchas, fueron a prender fuego a los primeros espantapájaros, se llevaron la mayor sorpresa de sus vidas.
Los espantapájaros ya los estaban esperando.
De repente, comenzaron a moverse.
Se deshicieron de las estacas que los retenían y frente a los humanos comenzaron a bailar.
Era un baile muy rápido, bien coordinado, con una coreografía fantástica.
La música se hacía entre jilgueros y canarios.
Todos los humanos estaban atónitos, con la boca abierta.
Asistieron a un espectáculo formidable.
Al final, todos los agricultores, de todas las edades, aplaudieron la actuación y regresaron a casa bien satisfechos.
De hecho, una vez a la semana los agricultores acudían a la era grande.
Y siempre los espantapájaros hacían un espectáculo de baile diferente.
Pero los humanos nunca llegaron a imaginar que debajo de los espantapájaros había varios cuervos para mover a los espantapájaros con hilos muy finos, para moverlos como marionetas con movimientos mesurados y un buen ritmo.
Y mientras tanto, al tiempo que los humanos se divertían con los bailes, el resto de las aves aprovechaba para comer los granos con toda la tranquilidad del mundo.
Alguien comentó, tiempo después, que un invento como aquel debería llamarse "atrapohumanos".
© Texto: Frantz Ferentz, 2025
© Ilustración: Enrique Carballeira Melendi, 2025
